miércoles, 27 de octubre de 2010

-No tienes porque escucharme, nadie te obliga a hacerlo. Además tú eres el que vino Respecto a los retos, la verdad que dudo te gusten, si te encanta estar desperdiciando tiempo molestando a los demás en vez de aprovecharlo en la escuela, o en tantas actividades más. Creo que la mediocridad y las cosas sencillas se te dan. ¿Crees que vivirás toda la vida rodeada de tus amigos que siempre te cuidan?-lo miré recorrí con la mirada. Estaba furiosa, podía sentir el rojo intenso en mi rostro.

Lo aparte de mi camino hacia un lado. Justo en el momento en que tomé la perilla para salir se escuchó un clap. Giré la perilla estaba cerrada-podrías quitar tu hechizo y dejar de hacerte el gracioso-su cara era de sorpresa.
Evans, intentó salir del compartimiento, pero yo le corté el paso con el brazo, no iba a dejarla escapar tan fácil.

-Yo no ví el letrero de no molestar en ningún lado, así que no me salgas con éso Evans. Si vine fue porque... - Las palabras se me atoraron en la garganta, era muy difícil tratar de decirle que había lamentado el incidente en el andén y ser un completo bastardo. Pero cada que ella habría la boca para herirme, me volvían las ganas de ser un patán insoportable. - No, no he ganado nada y no quiero ganarlo Evans. No me gusta salirme con la mía tan fácil, me gustan los retos. -Volví a recuperar la compostura- Puedes quedarte con tu vagón, que no me interesa en lo absoluto. Sólo quería decirte que tu voz aturde, y que si vas a cantar, lo hagas en la ducha, o en los baños del último piso. Así nadie saldrá perjudicado de los oídos.
Desvié mi mirada de su contacto, intentando en vano no prestarle atención. Ya no quería cantar y saqué un libro para ocultar tras el mi enfado hacia su simple presencia. Hacer como que no existía era imposible.

Seguía parado allí mirando y eso me impacientaba.

-Cuando una puerta está cerrada claramente es prohibición, e indica claramente que antes de pasar debes ser invitado. Por si no te has dado cuenta yo no te he invitado ni te invitaría a entrar nunca. Así que como yo llegué antes lo mejor es que te largues.

El silencio siguió.

-Potter no quiero pelear más, no aguanto más desplantes, ni humillaciones, así que tú ganas-me levanté de golpe, guardando el libro caminando con dirección a la salida.
Remus logró hacerme comer una rana de chocolate (mis preferidas) y Sirius.., Bien él estaba diciendo algo acerca del Quidditch y ganar la copa de las casas; pero no le puse mayor atención, mi mente estaba muy lejos de ahí. Para ser exactos, en cierta pelirroja llamada Lily Evans. Durante todo el verano no había podido quitármela del pensamiento, incluso había soñado un par de veces con ella, pero jamás le conté nada a nadie... eran cosas demasiado personales. ¡Rayos! nunca había tenido secretos para con mis amigos y de un día para otro... Por supuesto ¡Era éso lo que le molestaba! No podía decirle a Remus y a Sirius lo que sucedia conmigo y al sentirme frustrado, descargaba mi orgullo y mi enojo con la chica causante de mis desgracias. ¿Cómo es que se me había escapado ése insignificante detalle?

Gruñí.

Fue entonces que la ví pasar por el pasillo, tratando de aludir al carrito de las golosinas. Iba sola y seguramente estaría buscando un sitio libre para pasar el resto del viaje. Dejé pasar algunos ninutos y me excusé con mis amigos alegando que necesitaba ir al WC, pero mis planes eran otros. En lugar de ir hacia la derecha por el pasillo, me fuí hacía la izquierda. Algunos compartimientos estaban abiertos, por lo que no tuve mayor problema en indagar en cuál de todos estaba ella, y ese lugar estaba hacia el final. El único compartimiento cerrado.

Me aposté afuera, analizando fríamente lo que tendría que hacer; entonces la escuché cantar... Sentí que se me erizaba hasta el último cabello de mi cuerpo. Evans tenía una voz afinada y dulce y...

¡NO!

Se suponía que no debería sentir nada. El único sentimiento que podía tener hacia ella era.... era... ¡El que fuera! menos ÉSE. Recuperando mi compustura, tomé la manija de la puerta y la abrí con fuerza. Ella pegó un brinquito en su asiento y me miró... y la miré con el ceño fruncido. Quería decirle tantas cosas ¡muchas! pero solamente me quedé ahí parado como estúpido.

martes, 26 de octubre de 2010

Salí del baño tratando de no mirar a nadie. Había intentado en vano cubrir con maquillaje la hinchazón de mis ojos. Arrastré mi maleta por el tren, aprovechando el momento en que el carrito de dulces estaba rodeado por los hambrientos estudiantes. Sentí una mirada sobre mí al pasar frente al compartimiento del engreído ése y sus amigos que ignoré. No existía ni existiría nunca para mi, esa era la decisión final.

Aceleré el paso y busqué un lugar solitario. Afortunadamente el final del tren iba solitario. Me acomodé y traté de leer algo para distraerme, sin lograr conseguirlo. No podía negar mi naturaleza, ni mi soledad.

Cerré mis ojos y tras un suspiro comencé a tararear. Era una de las únicas actividades a parte del estudio en que era buena, cantando.

Cada paso que doy,
cada movimiento que hago,
me hace sentir perdida, sin dirección,
mi fe tiembla.

Pero yo, tengo que seguir intentando
debo mantener mi cabeza alta.

Siempre habrá otra montaña,
Siempre voy a querer que se mueva,
siempre va a ser una batalla cuesta arriba,
a veces voy a tener que perder.

Las luchas a las que me enfrento,
las oportunidades que tomo,
a veces me golpeo,
pero no me estoy rompiendo.

Y yo, tengo que ser fuerte,
solamente seguir peleando…

Paré cuando escuché ruidos tras de mi.
Sirius me recibió con la mayor de las sonrisas y Remus solo me miró con reproche. Sin embargo no les dije nada, solo me crucé de brazos molesto. ¿Pero por qué estaba molesto, si había logrado dejarla en ridículo delante de todos? ¿Acaso no era eso lo que estaba buscando desde el principio? -Bufé y me odié. Sirius entonces dejó de parlotear y me escrutó de la peor manera. Sentir su mirada a plomo me ponía mucho peor, no me lo estaba poniéndo menos fácil. Entonces opté por la salida fácil. Abrí mi baúl y saqué mi uniforme para cambiarme de indumentaria.

Para mi buena suerte, el carrito de las golosinas se detuvo por el pasillo y mis "amigos" dejaron de fastidiarme con su silencio. Yo no quise comprar nada, no tenia ganas, así que me acomodé cerca de la ventana y miré hacia a fuera sin poner atención. Solo quería encontrar una razón justa y ecuánime para mi cvomportamiento machista y vil.
Me había hecho quedar como la peor de las perdedoras enfrente de todos. No tenía muchos amigos era cierto, en eso no podía contradecirlo. Las personas… no se acercaban a mí porque me veían como la ñoña, por llevarme bien con algunos profesores a los que admiraba, por dedicaba la mayor parte de mi tiempo libre a estudiar y por la razón más sencilla racismo. Mis padres no eran hechiceros, eran simples y sencillos humanos, sin una gota de magia.

Tantas veces me había fastidiado Potter, pero esta vez se había pasado de la raya. No iba a permitir que viera la realidad, sus palabras calaron hondo. No quería verlo en la vida. Borrar todo lo que acaba de pasar. Fue tonto verlo por un segundo de otra manera.

Estaba preparada para gritarle más verdades, pero el valor se esfumó de golpe. Y las ganas de seguir y las fuerzas de contenerme también. Caminé en sentido contrario aguantando apenas lo necesario encontré un baño y me encerré a llorar, mientras llamé con un hechizo mi maleta.

-Sacar fuerza de esto, si eso te hará una mujer más grande, valiente-me decía. La verdad era que no me importa ser más grande ni más valiente.

Lo odiaba. Arrojé en una bolsa oscura la ropa que traía puesta, me coloqué mi uniforme. Quería su aroma fuera de mí, quería no haber sentido lo que provoco mientras estuvimos en el piso del tren por lo que ahora me odiaba mayormente a mí que a él.
Algunas miradas curiosas nos observaban de algunos compartimentos a nuestras espaldas. Si quería conservar mi bien ganada reputación debía actuar con prontitud. Cuando Evans se separó de mí sentí un cierto deje de abandono y cierta molestia por el tono en que se había referido hacia mí. Así que me levanté molesto y la enfrenté:

-Ahora ya sé por qué nadie se te acerca Evans, eres la reina del mundo antipatía- Me sacudí la ropa y me acomodé los lentes- Espero que hayas aprovechado el momento, porque será lo más cerca que estarás de mi en toda tu vida. Creo que me daré un baño con urgencia apenas lleguemos, no quiero tener el más mínimo rastro de tu aroma.

La miré de arriba abajo y me fuí caminado por el angosto pasillo del vagón, hasta encontrar a Remus y a Sirius. Pero antes de penetrar al compartimento, la miré con desprecio y me regalé la sonrisa más cínica que pude.
Nuestras respiraciones y latidos se entre contaron. Nunca habíamos estado tan cerca. Esa mirada tras las gafas era dulce, tierna, luminosa; ahora podía verla como nunca antes. Mis sentidos se nublaron. Ni siquiera importaba el tiempo, quería seguir así, observando mi nuevo descubriendo, sintiendo eso que nunca antes había sentido.

Si no fuera tan... interrumpió mis pensamientos, rompió el encanto con sus palabras.

-¡Idiota! No dejarías de ser tú-agregué levantándome de inmediato de su contacto-aun me sentía nerviosa y ruborizada-tendrías tanta suerte de que alguien como yo siquiera te volteara a ver. Respecto a no ser de tu tipo no te creas tan especial, porque aunque lo fuera tú no eres del mío. Un tipo prepotente que se cree el centro del universo jamás me interesaría. "EGO POTTER"-le dije mirándolo atenta.
Esperé pacientemente hasta que ella decidiera subir o alejarse. Sinceramente yo sabía que no se quedaría en el andén, como novia despidiendo al amor de su vida. Con lo que no contaba era que precisamente escogiera las escalerillas de mi vagón para tratar de apearse y por el movimiento del mismo, acabara tropezándose con mi humanidad.

Ambos caíamos al suelo, y ella sobre mí.

Era la primera vez que le miraba de cerca. Y al sentir su respiración cerca de mi rostro, me quedé helado. Fué como si el tiempo se hubiese detenido en ése preciso momento. El corazón comenzó a latirme con rapidéz y por tal motivo el pulso se me aceleró... Pero no iba a darle el gusto de verme en una situación incómoda.

-Si lo que querías era estar cerca de mí Evans, nos habríamos ahorrado el numerito -Dije con lengua mordáz- Hubiera bastado conque me declarararas tu imperecedero amor en el andén. Pero ya me di cuenta que te gustan las situaciones peligrosas. Me agrada tu estilo... Pero no eres mi tipo.
Lo que más odiaba de “EGO” JAMES POTTER, crecido al cielo. Sintiéndose el último hipogrifo del mundo.

-Lo de la lengua no te lo voy a negar, eres un hablador. Y lo peor es que con eso convences a tus pseudofans, pobrecitas victimas caídas en tus redes. Siento pena por ellas. Y espero verte lo menos posible, porque tu sola presencia me choca.

El tren comenzaba a moverse. Tenía que apresurarme si no lo quería perder. Apenas si me dio tiempo de dar un salto dentro del vagón frente a Potter, pero porque no mi terrible equilibrio tenía que fallar justo en ese momento. Solo pude cerrar los ojos al momento de topar contra el en seco en el vagón.
-Te sabes defender Evans, pero creo que mi varita es más rápida que tu lengua, y básicamente... No te tengo miedo. - Me coloqué la varita en la bolsa trasera de mi pantalón- Bien, ya que has decidido pasar el último año de manera miserable, no puedo más que darte mis mas sinceras condolencias. Serás mi histrión favorito; siéntete afortunada, pelirroja. Muchas darían lo que fuera por estar en tu lugar. -Le guiñé un ojo y me fuí apartando de ella, sin darle la espalda por supuesto. Evans era una chica, pero muy astuta; eso lo sabía de antemano, pero jamás me oiría decirlo, antes preferiría besar a un escreguto de cola explosiva. -Ya nos estaremos encontrando, así que te aconsejo que tengas preparada tu varita, porque apenas pongamos un pié en los terrenos del castillo, comenzará la diversión en serio.

El tren comenaba a moverse, así que subí a la entrada más próxima sin dejar de mirarla, quizás lo pensara ,mejor y decidiera no subirse al vagón.
Mi pesadilla viviente justo enfrente de mí y con claras intenciones de molestarme. A veces no estaba segura de cuál era su deporte favorito: el quiddich o fastidiarme.

-Lamento mucho romper tus ilusiones de creer que por esa simpleza no volvería pero más lamentable es tu poca imaginación para lograr objetivos, digo si es que querías que no volviera, te ha quedado cortito el genio de maldad que tienes.

Miré atenta cada uno de sus movimientos, no iba a permitirme bajar la guardia delante nuevamente.

-¿Ves mi cabello? Es un nuevo cambio ¿conoces los cambios?-lo miré y aguante una sonrisa-deberías probarlos. Tú look está un poco pasado de moda, aunque pienso que deberías considerar un cambio que te vendría mejor ¿te suena la palabra madurar?-lo estudié con la mirada-Pido milagros-no pude contenerme más y comencé a reír-ahora que si continuas con la idea de pelar-le enseñe la varita dentro de mi bolsillo mostrándole que estaba dispuesta a hacerlo.
-Ahí viene la pelirroja deshabrida.

Fue el primer comentario que dije cuando vi a Lily Evans caminando por el andén 9 3/4 con su cabello recogido. Seguramente habría tenido problemas con la goma de mascar mágica que le había colocado estratégicamente, sin posibilidad alguna de quitársela, salvo cortándose el cabello.

Canuto y Monny, estaban apostados a mis lados como de costumbre, aún ansiosos por subir al tren, pero no sin antes hacer alguna maldad como bienvenida, y prácticamente la chica estaba servida en bandeja de plata. Remus negaba con la cabeza y Sirius... Bueno, el no siempre estaba de acuerdo conmigo, pero tampoco me negó la oportunidad de un poco de sana diversion antes de llegar a Hogwarts.

-Esperen un momento, ya vuelvo. No suban al tren sin mí.

Me adelante unos pasos para encontrarme de frente con Evans, quería ver su cara teñirse de rojo como su cabello, cuando la mirara descaradamente. No sabia por qué, pero necesitaba hacerle pasar un mal rato acosta de lo que fuere.

-Vaya, pensé que no te volvería a ver por éstos rumbos- le dije sin un saludo de por medio. Siempre directo- Creo que no escarmentaste la última vez que nos vimos. Pero siempre se puede repetir la dosis- Dije sacando mi varita, aunque claro, sabiendo de antemano que no podría hacer uso de la magia- Yo estaría encantado de volverte a dejar sin un solo cabello Evans....

jueves, 21 de octubre de 2010

Planes a la vuelta

La canción imagine de los Beatles no paraba de sonar mientras mi padre conducía el auto con destino a King Cross. El anden 9 ¾ me llevaría de vuelta a cursar el último año en mi adorado colegio Hogwarts. Debía reconocer que me deprimía tener que abandonar la escuela. Era un lugar especial que siempre llevaría en el corazón por todas las enseñanzas, aventuras, diversión, recuerdos y grandes amigos conocidos.

Me parecía como si hubiera sido tan solo unos días atrás cuando esa carta apareció en mi buzón invitándome a un colegio de magia. La primera reacción de mis padres fue miedo, no podían creer que existiera un mundo de magia y menos que hubiera un colegio para que se estudiara, peor aun que su nena, como me decían, fuera una bruja.

Afortunadamente apareció Dumbledore un día para explicarles todo paso a paso y asegurarles que no me volvería verde, malvada y mucho menos me aparecerían verrugas, solo seria mucho mas especial de lo que ya era y podría controlarlo.

Bajé corriendo del auto emocionada de regresar a mi mundo mágico, ya después tendría tiempo para pensar en estudiar para mis próximos éxtasis, sabia que serian difíciles pero sabia que si me dedicaba aprobaría todo.

Otra tarea más tenía pendiente, llevaría acabo una pequeña venganza. Después de un largo verano iba a desquitarme del ultimo plan macabro del pesado de Potter y sus amigos, omitiendo a Remus claro, el siempre había sido amable conmigo, pero todos los demás guiados por ese mal viviente, eran los culpables de ese chicle mágico que me obligó a llevar el pelo corto el día de la foto de final de curso y el resto de las vacaciones.

Crucé el muro invisible a la vista humana topándome con el imponente tren que nos llevaría a mi destino. Me despedí de mis padres, ya caminé para abordar el tren.