Remus logró hacerme comer una rana de chocolate (mis preferidas) y Sirius.., Bien él estaba diciendo algo acerca del Quidditch y ganar la copa de las casas; pero no le puse mayor atención, mi mente estaba muy lejos de ahí. Para ser exactos, en cierta pelirroja llamada Lily Evans. Durante todo el verano no había podido quitármela del pensamiento, incluso había soñado un par de veces con ella, pero jamás le conté nada a nadie... eran cosas demasiado personales. ¡Rayos! nunca había tenido secretos para con mis amigos y de un día para otro... Por supuesto ¡Era éso lo que le molestaba! No podía decirle a Remus y a Sirius lo que sucedia conmigo y al sentirme frustrado, descargaba mi orgullo y mi enojo con la chica causante de mis desgracias. ¿Cómo es que se me había escapado ése insignificante detalle?
Gruñí.
Fue entonces que la ví pasar por el pasillo, tratando de aludir al carrito de las golosinas. Iba sola y seguramente estaría buscando un sitio libre para pasar el resto del viaje. Dejé pasar algunos ninutos y me excusé con mis amigos alegando que necesitaba ir al WC, pero mis planes eran otros. En lugar de ir hacia la derecha por el pasillo, me fuí hacía la izquierda. Algunos compartimientos estaban abiertos, por lo que no tuve mayor problema en indagar en cuál de todos estaba ella, y ese lugar estaba hacia el final. El único compartimiento cerrado.
Me aposté afuera, analizando fríamente lo que tendría que hacer; entonces la escuché cantar... Sentí que se me erizaba hasta el último cabello de mi cuerpo. Evans tenía una voz afinada y dulce y...
¡NO!
Se suponía que no debería sentir nada. El único sentimiento que podía tener hacia ella era.... era... ¡El que fuera! menos ÉSE. Recuperando mi compustura, tomé la manija de la puerta y la abrí con fuerza. Ella pegó un brinquito en su asiento y me miró... y la miré con el ceño fruncido. Quería decirle tantas cosas ¡muchas! pero solamente me quedé ahí parado como estúpido.
Gruñí.
Fue entonces que la ví pasar por el pasillo, tratando de aludir al carrito de las golosinas. Iba sola y seguramente estaría buscando un sitio libre para pasar el resto del viaje. Dejé pasar algunos ninutos y me excusé con mis amigos alegando que necesitaba ir al WC, pero mis planes eran otros. En lugar de ir hacia la derecha por el pasillo, me fuí hacía la izquierda. Algunos compartimientos estaban abiertos, por lo que no tuve mayor problema en indagar en cuál de todos estaba ella, y ese lugar estaba hacia el final. El único compartimiento cerrado.
Me aposté afuera, analizando fríamente lo que tendría que hacer; entonces la escuché cantar... Sentí que se me erizaba hasta el último cabello de mi cuerpo. Evans tenía una voz afinada y dulce y...
¡NO!
Se suponía que no debería sentir nada. El único sentimiento que podía tener hacia ella era.... era... ¡El que fuera! menos ÉSE. Recuperando mi compustura, tomé la manija de la puerta y la abrí con fuerza. Ella pegó un brinquito en su asiento y me miró... y la miré con el ceño fruncido. Quería decirle tantas cosas ¡muchas! pero solamente me quedé ahí parado como estúpido.
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