martes, 26 de octubre de 2010

Me había hecho quedar como la peor de las perdedoras enfrente de todos. No tenía muchos amigos era cierto, en eso no podía contradecirlo. Las personas… no se acercaban a mí porque me veían como la ñoña, por llevarme bien con algunos profesores a los que admiraba, por dedicaba la mayor parte de mi tiempo libre a estudiar y por la razón más sencilla racismo. Mis padres no eran hechiceros, eran simples y sencillos humanos, sin una gota de magia.

Tantas veces me había fastidiado Potter, pero esta vez se había pasado de la raya. No iba a permitir que viera la realidad, sus palabras calaron hondo. No quería verlo en la vida. Borrar todo lo que acaba de pasar. Fue tonto verlo por un segundo de otra manera.

Estaba preparada para gritarle más verdades, pero el valor se esfumó de golpe. Y las ganas de seguir y las fuerzas de contenerme también. Caminé en sentido contrario aguantando apenas lo necesario encontré un baño y me encerré a llorar, mientras llamé con un hechizo mi maleta.

-Sacar fuerza de esto, si eso te hará una mujer más grande, valiente-me decía. La verdad era que no me importa ser más grande ni más valiente.

Lo odiaba. Arrojé en una bolsa oscura la ropa que traía puesta, me coloqué mi uniforme. Quería su aroma fuera de mí, quería no haber sentido lo que provoco mientras estuvimos en el piso del tren por lo que ahora me odiaba mayormente a mí que a él.

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